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Full text of "Caras y caretas n05 17 8 1890"

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pRA^^. 




FRANCISCO BAUZA 


PRECIOS 


MONTEVIDEO Y DEPARTAMENTOS 

Un mea j 1.00 

Seis meses » 5.00 

Un año .. j* 9.00 

EXTERIOR 

Lofl iDlsinos pvecloa, en moneda equivalente, con 
el aumento del ñ'anqueo. 

Número coiTlente, 30 centéslmos 
* atrasado, 60 * 


Tribuno de brillante inspiración, 
blanco de cútis, rojo de opinión, 
y hasta el tuétano mismo, clerical. 

No hay quien tenga mas fó en la religión 
católico-apostólico.. oriental. 


© Biblioteca Nacional de España 
































34 


GARAS Y CARETAS 



—A Julio Herrera que ha sido electo Presi¬ 
dente- 

Fuá lo bastante. Desde ese momento sus 
¡vivas! ñiemn los mas sonoros- Pronuncio tres 
discursos en la calle Sarandí, dos en la Plaza 
lodependencia y uno muy largo frente á la 
casa de Tajes. 

El público le aplaudid ^ rabiar y le Iiubiem 
tomado por el mas entusiasta compatriota, si 
al final de su último discurso no dice: 

—<£¡ürieiitalos: quiera el cielo que el laurel 
inmai-cosibie de la gloria, coronela venei'able 
cabeza del Dr. Herrera, cubierta ya por la nieve 
de los 

Había tomado á Orejuela por el Presidente 
electo. 

Luego lie sabido que ese sujeto de espíritu 
manifestante, siguió viaje para Ja capital ar¬ 
gentina. 

Me apuesto el importe de treinta suscricio- 
nes (i que fué el mismo que, según los diarios, 
diri^dó la palabra al Dr, Pellegrini, di ciándole 
enti^^ otras cosas: 

«Aún humeante la sangre de las víctimas 
en este suelo que nos vio nacer.. ,5) 

T el individuo me consta quo es natural de 
Murcia, provincia do España. 


Vive por la música, para la música y no me 
atrevo á decir que con la música, porque con 
ella, como con los versos, son muy contados los 
que pueden vivir. 

Oyendo tocar el piano á Dalmiro, se olvida 
uno hasta de que tienen tarifa los carruajes de 
plaza y que D, Lindolfo Cuestas está en el Di¬ 
recto rio del Banco para suplir al primero que 
se le presente. 

En fin, caballeros, cuando vean anunciado 
el beneficio de Dalmiro Costa, apresúrense k 
tomar localidad, cueste lo que cueste, porque 
van á oir á un hombre que vale mucho, 

Vale tanto, que apreciado monetariamente, 
podría decirse que es un pianista de cuatro 
sete?ita. 

Eustaquio Phllicer 


T[iXTO“«Zíg-^ag», por EusLafinlo Pelílcer- ítCuenios, por 
Joaquín BaiiiA“wPor seguJr A un gaJgos, {Capítulo 
1) por Luis Cardoso Carvallo—'<tpoeslas», por Ri¬ 
cardo Palma—(tlíl por M. M.—«Taatrosi*, por 

Caliban—ttSporti*, por Pió —MeaudenclaB--Corrdfi- 
pándeosla pa r lien lai^Ea p ec tácu los--A vi s os. 

Grab.vuos—^P rancisco Uau^A^-Variedades—Ricardo Pal¬ 
ma—José Oxília—Josefa Plá y otros, intercalados 
en el texto y avisos, por ScbiUz. 


r./-. .. sabe que en la- ma- 

nifestación hacha el ki- 
á ki Unión Cívica de 
/ f Buenos Aires, tomaron 

y jl parte treinta mil per- 
7 sonas, salvo algún que 
usurero, invoiucra- 
A el común de las 

gentes. 

tiempo no 
pudimo.s Comprobar si 
esa cifra es exacta, pues una vez que nos pusi¬ 
mos á c o n ta r la con cu v re u c i a, e hj pozó ú gri ta r 
desaforanamente un señor que estaba cerca de 
nosotros, y como creyéramos que le hubiese ocu¬ 
rrido alguna desgmeia, interrumpimos nues¬ 
tra cuenta para pregnlitar: 

—¿Le atropelló algún carruaje á ese señor? 

—Debe ser que ha sentido alguna TJfííí/íírfíí en 
el costado izquierdo, poique se lleva la mano k 
sitio—nos ab^ervó uno. 

—No es aso;—expuso otro—es una vena que 
se le ba debido romptír en la parte de adentro, 
porque bu dicho en voz bien alta que tiene 
inundado el corazón de, do se qué. 

—Desangre, será. 

—No señor, ha dicho de otra cosa que em 
inmensa y sin límites. 

—Eso no puede ser— inieiTumpid un tercero— 
será todo lo grande que lo permita el ancho 
de la vena, ó, cuando mas, la (.Tija del cuerpo. 

En esto, una oleada de gente nos condujo 
hasta muy cerca de! señor que gritaba y nos 
explicamos las voces. 

Era que pronunciaba un dlscur.so paiiddtico, 
ensalzando la conducta de los que derrocaron á 
Juárez, 

Las gritos dobian tener por objeto que lle¬ 
gase el discurso hasta eJ oído de los Jefes de la 
revolución. 

También averiguamos que lo que lo inun¬ 
daba el corazón no era sangro, ni líquido que 
se le pareciese. 

Era, la dicha. 

No hay n^ida que haga sentir tanto el fuego 
de la elocuencia, en la punta del pico, como 
las manifestaciones populares. 

Al individuo que creáis mas incapaz de decir 
«Buenos días, señore.s* en voz alta, dadle gente 
que le rodée, muchos picos de gas que le alum¬ 
bren, cohetes abundantes y uu farol donde 
encammarse, y se desbordará en raudales de 
inspiración sobre cualqiiier asunto. 


lín ricacho de un lugar, 
dueño de mil posesiones, 
y de casas, y doblones, 
y de molino y lagar, 
tuyo la feliz idea 
de hacer sacar una copia 
de una linca linda y propia^ 
que es la que más le recrea 
Hizo yenir un pintor 
de fama reconocida, 
y fué con él en seguida 
(porque esto era oe rigor) 
á enseñarle el sitio aquel 
oue tenia que pintar, 
digno, cu verdad, de ocupar 
la paletz y el pincel. 

Dan vueltas en derredor, 
ninguno de ios dos chista, 
hasta que el punto de vista 
llegó á encontrar el pintor, 

Y sacando una cartera, 
un lápiz ^ un gran papel, 
empezó a tomar en él 
apunte.^ á la ligera. 

El propietario al ver esto 
exclamó:—¿Usté pintará 
la casa tal como cslá? 

—Tal como está, por supuesto. 

—¿Hará usted el emparrado? 

—Sí, señor.—Desearía 
que hiciese usted^ si podía, 
un caballo aquí parado. 

—Síj señor; íe pintaré, 

—¿Hará muy bien, verdad?—Sí. 

— Diga usted, ¿ Y un burro aquí... 
— ]i\ burro donde usté esté 

haría mejor efecto. 

—Un guarda también quisiera... 

—puedo hacerle aquí, más fuera* 
—]Va á ser un cuatiro perfecto' 

¿Y la puerta estará abierta? 
—Como la está usted mirando, 

—¿ Y cabe un perro [adrando 
aquí, al lado de la puerta? 

—Sí, pero más en el centro 
es donde voy i pintarle. 

—Y quisiera que al mirarle, 
corriendo se entrase dentro, 

—;Nü podrá ser?—Por qué tío? 

— Por que eso le hara subir 
de precio.—No hay que decir 
nada de eso,—contestó.— 

(¿ue valga lo que valiere 
yo lo pagaré, con tal 
que entré y salga el animah 

— Lo h(i re como usted lo qütere. 

Concluido el cuadro, agradó 
muchísimo al propietario; 
y al cura y al boticario, 
y á todos entusiasmó. 

— ¡Es exacto el parecido! 

¡Todo está perfecta ni ente! 

Una cosa solamente 
noto que echó usté en olvido, 
y es el perro, que no encuentro,. 
—Porque en cuanto le miré— 
contestó el pintor^—se fué 
á la casa, y está dentro, 

JOÁQUÍH 


La Universidad ha adquirido un fonógmfo. 
La otra noche le probó ante numerosas perso* 
nas, invitadas ul efecto. 

El aparato, muy parecido en su forma k 
una mÉiquina Smffer, habló con íácil palabra 
é inspirados conceptos y cantó con voz, algo 
engolada sí, pei-o no exenta de sentimiento 
musical. La acción dramática no la pudimos 
apreciar por estar guardada en una caja. 

Uno de lo.s concurrentes, creyendo que el 
aparato eva una persona mal configurada, le 
preguntó: 

—¿tíabe si el Banco llamará á la conver^ 
siou en la fecha que ha prometido e! Gobierno? 

Otro individuo, abandonó rápidamente el 
salón al oir hablar en inglés al íbnógreifo, y 
cuentan que dijo ai salir. 

— ¡Hasta en los aparatos de física me he de 
encontrar con m^lesesl 

Segu □ el 1) r W i 11 i m a n, el fon óg ra fo re p i te 
cuanto se lo liahla, de lo que deduzco que el 
perfeccionamiento del aparato no llega toda¬ 
vía á reproducir los discursos de muchos hono- 
j'nbles señores que tienen asiento en nuestras 
Cáiriara.s. 

Verdad es, que para conseguir esto, ba.sta in¬ 
ventar UD aparato que pueda moverse é volun¬ 
tad, de arriba abajo y de izquierda á derecha. 

Para mas propiedwd, puede dárselo la forma 
de una cabeza humana 


La Bolsa .sigue en baja; los negocios parali¬ 
zados y el pan, al alcance de muy determi na¬ 
das personas. Es casi ilna golosina. 

La única salvación posible que se nos pre¬ 
senta, es aceptar el i'eto que en grandes carte¬ 
les nos hace la empresa del Circo Oriental. 

Dice que dará ¡quinientos pesos! al que se 
meta en la jaula de los Jeone,'^. 

Dura es la prueba, pero no tendíamos mas 
remedio quo sucumbirá ella. 

Para fortalecer niiesti'o valor diremos lo que 
decia un amigo ouestre: 

—El que lia vivido catorce año.s bajo el mis¬ 
mo techo que su suegra, y tiene que habérse- 
!a.s dia á dia con el dueño de la casa, bien puode 
atreverse á alteimar con animales, feroces! 


Porque,el asunto, es lo de menos; lo de mas es 
hablar y hablar con toda la convicción mas 
imitada posible, para hacer ver que se tiene 
corazoQ sano y pulmones robustos. 

No es que (tuiera decir con e.sto que los que 
llevaron Ja palabra en la manifestación del lú- 
nes, lo hicieran impulsados por móviles áge¬ 
nos á los del sentimiento mas puro, inspímdo 
por la solemnidad del acto, ¡Líbreme Dios! 

Es que no me puedo resignar á que hablen 
tantos y, sobre todo, á que lo hagan tan fueide. 

y es, también, ))or que me rocueida muchos 
casos en que observé que los que hacían mas 
ruido eran los que me nos tenían que ver con la 
cosa. 

Cuando se proclamíi presidente al Dr. Herre¬ 
ra, un sujeto recien llegado de Europa, se en¬ 
contró al desembarcar con la comitiva que 
acompañaba al Doctor hasta la Cámai'a, 

—¿A quién dan vivas?—preguntó el reden 
legado. 


En ía semana entrante se efectuará en el tea¬ 
tro Solís una interesante función k beneficio 
del célebre compositor y concertista de piano 
Dalmiro Costa. 

Dalmiro Costa, es oriental, y un verdadero 
gónio, aunque algo corto de vista. 


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35 


CARAS Y CARETAS 



las niñas, prendidas del vestido de las mafnás, inter¬ 
rumpían el corrillo decidor y charlatán formado alre¬ 
dedor del algibc, con sus preguntas y sus lloriqueos; 
mientras allá en el fondo, en una sombra enorme, se 
agitaban en pelotón informe las madrugadoras, junto á 
los lavaderos desbordantes de agua enfábonada, de en¬ 
tre cuya espuma sacaban,estiradas y goleando, fas pie¬ 
zas de ropa que retorcían febrilmente, después de gol¬ 
pearlas, para arrojarlas en la batea ó para prenderías 
con alfileres en las cuerdas sostenidas por cañas ó 
atadas de una reja á un clavo. 

Ya el sastre D Eusebio, sen- 
lado sobre la mesa, había inicia- 
do el remiendo del pantalón que : 

no pudo terminar la noche ante— ; 
rior, no sin haber encendido antes 
el hornillo sobre el cual se caldea 
la plancha de asentar las costuras; 
ya Pie tro, el zapatero del barrio, ■- 

aturdía el p.'inj con sus martilla¬ 
zos en la ^uela dura, que resonaban con eco metálico; 
ya el painJero había dejado iquí yacullá los panosde 
su cesto enorme, después de recoger el precio y las 
reclamaciones de las marchanias: ya el cuadro, siem¬ 
pre igual, de aquel p itio turbulento, adquiría sl ver¬ 
dadero aspeeio, un aspecto indecible, lleno de es¬ 
condidos detalles, de sombras y de c brida des, de 
quejas y de alejjrían, confundidas ó combinadas, sobre 
aquel piso de baldosas rotas, siempre limpias y siem¬ 
pre sucias, sobre las cuales se agitaban los inquilinos 
en permajt' nte promiscuidad y respii’ando una atmós¬ 
fera que apenas podía purificar el sol que por todo al 
patio se repartía en ondas de luz clara y vivificante.... 

—Do ni Leocadia ^ha visto á don Andrés? ¿Cómo 
no stí 1 ih 1 levanta-lo todavía?—preguntaban á la encar¬ 
gada, las vecinas, interesadas por conocer las causas 
que obligab.in al vecino del numero 8 i permanecer 
con su puert,] cerrada. Estrañabn toda aquella gente 
que don Andrés no hubiera abierto su ventanilla, una 
ventanilla de un soto vidrio, por la cual se colaba 
todas las mañanas el rayo do sol que alejaba el sueño 
de sus oíos. La ventanilla permanecía cerrada y eran 
ya las nueve..,. 


y dirigiéndose al cuarto núm. 8, golpeó, sin obtener 
contestación. 

Detrás de ella [os chicuelos, y una ó dos mujeres 
se situaron en frente de la puerta, mientras don Euse^ 
bio, con las gafas azules enancadas sobre la nariz, se 


presentaba también cubierto de hilachas y de alfileres. 

—Don Andrés! Don Andrés!—dijo con voz fuerte 
doña Leocadia, al mismo tiempo que empujaba la 
puerta y uno de los chicos se encaramaba en la ven- 


Á UN CALCO 


icos se encaramaba en la ven^ 
vidrio. 


CAPlTtiLO i 


DONDK APAKEGK E.L GALGO 

Un sol de invierno, amarillento y tibio, batía las 
puertas que daban al gran patio del conventillo de 
don Ignacio, y secaba aquellas baldosas rotas é infor¬ 
mes que la encargada, dona Leocadia, había lavado 
con escoba dos horas antes. 

Poco á poco, se abrtan aquellas puertas para dar 
salida á las inquilinas, que, soñolientasy desgreñadas, 
sacaban el brasero, al cual arrimaban la charamusca, 
encendida con un cabo de veía, ó se dirigían al pozo 
al rededor del cual se cambíabají los saludos matma- 
les, ó iniciaban el diario tejido de la murmuración. 

^ —Buenos dias, doña Leocadia—decían todas diri¬ 
giéndose á la encargada, vieja cincuentona, de aspec¬ 
to hombruno, rica en carnes j de labia inagotable, 
pues con ella había alcanzado a colocarse en el patio, 
como mediadora en todas las cuestiones y pacificado¬ 
ra en todas laj riñas, amén de otros derechos que ella 
reclamaba y que fundaba en la confianza que le me¬ 
recía k don Ignacio, 


bn viejo rentista era don Andrés: un hongo surgido 
no se saDe cómo, ni cuando, na donde: un viejecito 
de 6o años, alegre, paqueton, amago de enamorar á 
las muchachas lind.is de la casa, siempre con una de¬ 
claración para ellas, con un consejo para los vecinos 
y con una caricia para los chicos: un madrugador que 
abría su ventanita y desde ella contemplaba las pri¬ 
meras agitanone,'^ del pátio, dando tiempo a que hir¬ 
viera en el reverbero el agua con que se hacia el mis¬ 
mo su desayuno—thé ó café y gal lentas Numancid 
con ani^—un original áquien nadie visitaba, que había 
hecho de su existencia un cronómetro, y que vivía de 
la renta de dos casas que administraba don Ignacio, el 
dueño del conventillo. Se levantaba con el dia y se 
encerraba cuando b noche borraba el cielo. Era un 
M-i inofensivo, que se había ro— 

f iK simpatías de sus 

_ 9k compañeros de casa, que se cal— 
zapatería de Ftetro, 
vestía don Ensebio, que 
le hacia los cigarrillos de tabaco 
y ^ y que era ob- 

y jeto del cariño de doña Leocadia, 

porque lo veía bueno, caritativo 
con doña Dorotea y amable hasta con los inquilinos 
mas insoportables. 

—Qué le pasará á don Andrés?—decía la Juanilía 
Con maliciosa curiosidad, dirigiéndose d la encargada 
que se entretenía en tejer una media. 

—Quién sabel contestaba esta, sin interrumpir su 
tarea.—Quizás haya pasado mala noche y casi estoy 
por llamar.í.. ^ 

—Déjelo, doña Leocadia, no lo incomode—decía 
otra desde la puerta de su cuarto—ya se despertará 
con el barullo que le hace el zapatero... ivaliente 
vecino!... 

Los comentarios aumentaban entre aquellas gentes 
en pleno periodo de agitación. Entraban y salian los 
fruteros y verduleros que atronaban con sus gritos al 
ofrecer sus mercancías. El ruido de la calle se con¬ 
fundía con el ruido de la casa,formando una nota vi¬ 
brante y atronadora que se estrellaba en las paredes y 
se derramaba por las habitaciones. Los chicos unian á 
ella sus gritos atiplados que disonaban con las can¬ 
ciones de las vecinas, que, dobladas sobre las bateas ó 
entregadas á sus ocupaciones, matizaban con sus ves¬ 
tidos multicolores eJ fondo ahumado del patio, en¬ 
cuadrado entre las paredes caliginosas sobre las cua¬ 
les el sol estampaba sus rayos. 

Dona Leocadia sentía que la curiosidad la empuja¬ 
ba hacia el cuarto de don Andrés. Aquella puerta 
cerrada la tenia sobre ascuas. Abandonó su habitación 


las gallinas flacuchas, que picoteaban el grano ó ol re¬ 
siduo olvidado por doña Leocadia en los intersticios 
de las baldosas durante su baldeo matinal; el gato 
haragán y friolento, que se espulgaba sobre un girón 
de sol, y los chicuelos sucios y haraposos, que tas 
madres lavaban en tinas ó en cacharros, unas juntas 
á ütras^ sin interrumpir la charla inagotable, el co¬ 
mentario, el suceso del dia, que era siempre la prisión 
del hermano de doña Pepa, la cigarrera, la onterme- 
dad de doña Dorotea, paralítica desde siete años atrás, 
y con cuatro hijos, o el alquiler que hay que pagar, sin 
apelación, porque doña Leocadia no anda en chicas y 
enseguida pide el cuarto. 

: lífflill' — muchacho me tiene lo— 

—'É sel amaba doña Mari a, la cos- 
^ \ tnrera de gente principal, acre— 

!l i por sus hilvanes, mientras 

13 martirizaba á un muchachote re— 

I gordete y rojo, arrimada á la pi— 

dleta, en donde lo Enjabonaba 
de darle el desayuno para 
■ enviarlo al colegio. 

—Juancito, traeme el brasero—voí tferaba desde un 
fondo deí patío la mujer del sereno, al mismo tiempo 
que sacaba del fondo de un cajón, la ropa empapada 
y retorcida que empezaba á almidonar con cuidado, 
antes de ponerla sobre la tabla de la plancha,al mismo 
tiempo que doña Leocadia, ya peinada y con su de¬ 
lantal de zaraza azul, iniciaba la tarea higiénica de 
ventilar su cuarto, colocando sobre sillas los cober¬ 
tores y las sábanas de su lecho y junto^ á la puerta 
los trebejos de uso para que el aire de la mañana los 
desinfectara. 

Entretanto, el sol matizaba con luz mas fuerte el 
patio que se animaba con la conversación de los ve¬ 
cinos, que casi todos se habían levantado y se pre¬ 
sentaban en las puerta^ restregándose los ojos, unos, 
á medio vestir, otros,y los más,cambiando salutacio¬ 
nes con !os de ¿il Wo,\ÍcjQS amigos, de los primeros 
inquilinos, abejas fundadoras de esa colmena en que 
no había un zangaño que íionturbara la diaria armo¬ 
nía y la paz existente en el conventillo. 

De cada cuarto salían dos ó tres muchachos que, á 
saltos, so reparrían por el patio y por las piletas, po¬ 
niendo en cuidado á doña Leocadia que veía en peli¬ 
gro la limpieza de sus dominios y que la obligaban á 
que íes ordenara que salieran á la calle, en tanto que 


pelado y amueblado con cierto esmero. Un escritorio 
antiguo en un extremo de la habitación; una mesa en 
el centro con tos cajones abiertos; un lavatorio y ¡unto 
á él la cama de hierro: y sobre ella, rígido, helado, 
espantoso, el cuerpo de don Andrés. 

¿Cómo se cometió ese crimen? 

Nada se sabia. No se le conocían enemigos ni 
tampoco se le conocían amigos. Su existencia meto* 
dica y sencilla no daba cabida á apreciaciones sobre 
sus condiciones morales,que eran intachables. ¿Quién 
pues, había cometido esc crimen? ¿Y con que móvil 
se comctio. El hecho de estar abiertos los cajones de 
la mesa, hace suponer que fué et robo. Pero el escri- 
tonq estaba intacto, en él guardaba don Andrés las 
escrituras de sus dos casas, en la liabiiacíon no se noe 
taban indicios de lucha violenta, anterior al momento 
aeJ crimen, sobre las sillas se vela la ropa que don 
Andrés se saco antes de acostarse, y su reloj de oro— 
un viejo imo;iforV,^estaba sobre el lavatorio, marcan* 
aú la hora del momento. Sobre todo, la puerta había 
sido cerrada por adentro y la llave estaba en la ce¬ 
rradura. 

Profundo misterio envolvía el suceso y en desco¬ 
rrerlo se ocupaban los vecinos, cuando llegó el mé¬ 
dico forense que constató la muerte de don Andrés 
por asfixia, extendiendo la papeleta de defunción. 


© Biblioteca Nacional de España 








—iCnando Ilef^ríi aquel dia 
y aquella feliz luaQaiia 
que nos lleven á loe dos 
el chocolate Á la camal 

{Canción popuíar) 




Si au amor ha de aer muy consecujente, 
no sea usté en pedirme muy tardío» 
pues ya vé que no estoy, amieo mío, 
para ^aar el tiempo Intitll mente» 


—No vaya usté á. visitarme. 
>^Por qué, simpática Lolaí 
—Por que estoy en casa^ sola, 
7 podi^ criticarme. 


—Dlme, mamá, ten qué se conoce 
la edad de los cacallosi 
—los dientes, hija mía. 

—iTfil los usan artlH dales, como tül. 






-Esta es la mano, mi vida, 
que he de pedir enseguida. 
—Pero ¿Ignoras que a Cipriano 
se la llenen concedida? 

—]Pues pediré la otra manol 


Sueplto tras de suspiro, 
aún busca en su edad postrera, 
algún léven que la quiera, 
iNo habrá quien la pegue un Uro? 


—Dame el íí jpor compasloni 
y haz que abandone, Vicenta, 
esta mala posición, 
siquiera teniendo en cuenta 
que me eusúclo el pantalón. 




—T para mantener á mi hija ¿con qué cuenta usted? 
—Pues mli'e usted, yo, generalmente, cuento con los 
dedos. Es la mqjor manera de uo equivocarse. 


Tres mozos de apariencia, 
ingertos de melones, 
que pasan la existencia 
flechando corazones. 


—iCfomo yd le vuelva á ver 
conversar con "Doroteal*.... 

—Pero hombre lal es mi mnjerí 
—Pues no Impor ta lannque lo sea! 


—Aht vá mi mujer con uno que inaturalmente! no 
debe ser su marido. 




38 


GARAS Y CARETAS 


Cayó U noche sobre e[ patio del conventilloj quei 
mal alumbrado, parecía la Doca de una cueva. Pero 
del cuarto de don Andrés salía un chorro de luz que 
clareabaj en parte, aquel cuadrado^ en medio del cual 
se agitaban, tocadas por el viento, las ropas colgadas 
de las cuerdas y tos carbones que se apagaban en 
estallidos entre las cenizas de los braseros; eran las 
luces de las seis vetas que rodeaban el féretro en que 
dormía don Andrés el eterno sueño,.,. 



Vahídos y más vahídos asaltaban á doña Leocadia, 
que íamentaba la suerte infeliz de su inquilino, y cada 
vez que el amoniaco apaciguaba sus nervios pregunta¬ 
ba si se sabia ya quién era el asesino de don Andrés. 

AI dia siguiente, cuando la calma renacía en su es¬ 
píritu, oyó aelábios del zapatero Pietro estas palabras, 
que inundaron de sombras su mente: 

—Doña Leocadia: el sereno de la esquina declaró 
que á las j de la mañana vio salir de aquí á un hombre 
ricompañado por un perro galgo 
—¿Un galgo?—se preguntó doña Leocadia. 

V en su cerebro se clavó, con pertinaz consisten¬ 
cia, la figura de un hombre acompañado por un 

Luts CalHdoso Carvau.o 

POESÍAS 


DE 



RlCAnrO PALMA 


Leña para el infierno 

Diz que se confesaba un usurero, 
enredísta, tramposo, verdadero 
tizón de la cocina 
donde el demonio sin rival domina. 

Y haciendo el desballjo 

de su conciencia, al sacerdote dijo: 

—Padre, acusóme, á fuer de penitente, 
que no tuve piedad del indigente, 
y al que vi en un apuro 
apretóle la soga, duro, duro.— 



exclamó:—|Desdichadoí 

jy no pensaste nunca que algún dia 

ajuicio el Justo Juez te llaniaria? 

—Ahi la cosa dá largas jpor mi abuela! 

(gritó contento el hombre-sanguijuela). 

Si Dios es Juez de paz, no me querello 
de andar entre escríbanos.... jqué me place. 
Entáblese demanda.... ¡vengo en ello!... 
que después,.♦. ya veremos lo que se hace. 



A un viejo que pasaba por la calle, 
una niña bonita 
y de arrogante talle 
detuvo del faldón de la levita» 


diciéndoíe:^—Señor, por vida suya, 
quiero que usted me instruya 
ae las nuevas que aquí me participa 
una tia que tengo en Arequipa— 
y, sin mas requilorio,, 
una carta pasóle al vejestorio, 

Cabalgó el buen señor sobre los ojos 
un grave par de anteojos; 
el sobre contemplo, rompió la oblea, 
ía arenilla quitó de los borrones, 
examinó la firma, linda ó fea, 
y se extastó media hora en los renglones. 

Ya de aguardar cansada, 

—¿Qué me dicen* señor?—dijo la bella— 

Y el viejo echó á llorar diciendo:—Nada! 
has nacido, mi bien, con mala estrella— 
Asustada ín joven de] esceso 
de llanto del anciano, 

!e preguntó:—¿Quizá murió mi hermano?— 
y el viejo respondióla:—Ls peor que eio. 

— ¿Está enferma mi madre?—Todavía 
es peor cosa, hija mi a. 

No puedes resistir á esla desgracia.,. 
yo, viejo y todo, me volviera locol 
—¿Qué ha sucedido, pues, por santa Engracia? 
—tú no sabes leer... ni yo tampoco* 



En la diestra picóle á un escribano 
ponzoñoso escorpión El cirujano, 
á remediar llamado la avería 
exclamó:—¡No hay tu tía! 
esta es la mas atroz de las dolamas,.*! 
cloroformo, serrucho y ^fuer.^ mano! 

Otra cosa es andarse por las ramas.— 

E hizo la amputación. De su letargo 
el paciente volvió con llanto amargo, 
y maldiciendo mas que un carretero* 

—¿.^ qué viene la queja? ¿Refunfuñas 
porque silvas la vida, majadero? 

—No lamento mí mano, caballero* 

— Entonces ¿por qué lloras?—Por mis uñas. 



il€l JefeU 


¡Y murmuran de caseroi^íl 

jY hablan mal de cuñados y sobrinos! 

[Y escriben diatribas contra las suegrasi 

¿Pues dónde me dejan ustedes, gacetilleros gruño¬ 
nes, dónde me dejan ustedes el jefe? 

Paguen ustedes con puntualidad, y verán á la pa- 
trona dócil y al casero complaciente. 

Tengan ustedes un poco de carácter, ^ el cuñado 
ó el sobrino se reducirán á sus naturales limites. 

Rompan ustedes con el tradicional odio á las sue¬ 
gras, sean con ellas tolerantes, y las verán sonrien¬ 
tes y dóciles. 

Pero el jefe... ¿me quieren ustedes decir qué 
puede hacer un hombre para desarrugar el ceñudo 
entrecejo del jefe? 

El jefe no se sonríe nunca. —¡Qué dirían!—Nunca 
se interesa por la salud de ustedes.—]Es superior á 
esas cosas!—Saluda poco ó nada.—jCada cuál ha de 
mantenerse en su terreno! 

¿Gastar un jefe una broma? jCalle usted por Dios! 
[Se resentiría ía disciplina! 

¿Darle á usted un cigarro? ¡Voto á San! ¿Somos 
toaos iguales? 

¿Nose ve continuamente que el hombre á quien 
un superior le dá la mano se toma brazo y todo, se 
cree igual á él é interpreta torcidamente las con¬ 
lianzas? 

¡Cuidadito con eso! 

El jefe—sobre todo* el jefe que sabe serlo—debe 
copiar la cara» las actitudes y las maneras de esos 
barbas de teatro de provincia, que en hs comedias y 
dramas hacen de padres ofendidos, ó de reyes ú la 
antigua española, ó de banqueros seductores, o de ca¬ 
pitanes de navio, ó de traidores desalmados. 

Siempre mala cara, como si tuvieran dolor de mue¬ 
las ó reuma crónico. 


Despego, mucho despego, como hombre conocedor 
del muEioo y harto de la vida y enemigo de sus se¬ 
mejantes. 

Hablar poco; pero lo poco que se hable, que se 
oíga. Gran vozarrón, así como cficen que habló desde 
el Sinai á los [israelitas el Supremo Hacedor* Alguna 
interjección de cuando en cuando, mucha admiración 
y mucha interrogación en el diálogo. 

—¿Donde llene usted los ojos?—¿En qué está usted 
pensando.^ —¿Como es usted tan torpe?-*-]Que lástim^ 
de pan el que usted come!—¡Lástima de sueldo que 
le dan á usted. 

Para el jefe es usted un ser inferior en el orden 
humano, lo cual no quita para que todos los conoci¬ 
mientos que usted tiene le parezcan pocos. 

Sucede tq que á muchas de nuestras mujeres con 
nuestras criadas. Quieren que una moza de diez 
pesos al mes sepa coser, aplanchar, culinaria, como 
Brillat-Savarin, leer y escribir, pero con ortografía, 
cantar con afinación, hablar como nuestros clásicos y 
vestir con arreglo aj figurín. 

El ¡efe quiere que un empleado de 50 pesos sepa 
francés, ingjés, ateman, algo de partida doble, su po¬ 
quito de dibujo, elenientos de legislación, cálculo 
mercantil é historia sagrada, desde A dan hasta nues¬ 
tros dias 

La infalibilidad que no se ha podido encontrar para 
los jefes visibles de la iglesia, es preciso que sea cir¬ 
cunstancia indispensable en [os subalternos* 

El jefe puede equivocarse, casi estoy por decir que 
debe equivocarse. ¡Tiene mucho en que pensar! 
[Lleva muchas cosas en la cabezal jNo puede estar 
en todo! ¡No debe de cender á ciertos detalles! 

Pero en cuanto á usted, ya es otra cosa. La menor 
equivocación le convierte á usted en torpe, descuida¬ 
do, imbécil, atolondrado, estúpido. 

El inferior debe dar al olvido sus dolores y echar 
la llave á los recuerdos. 

Si la esposa está á punto de salir del paso, como 
suele decirse, ó si los chiquitines rompen demasiados 
zrrpatos, ó SÍ eUasero ha enviado la última Intimacién, 
debe usted olvidarlo al sentarse á trabajar. 

Así como el público pide gracias al actor cómico 
aunque acaben de enterrar á un ser querido, el jefe 
pide á V* cara complaciente, abibilídad en sus mane¬ 
ras, acento cariñoso v respetuoso en las preguntas, y 
una salud á prueba de bomba, 

•—¿Estar V* enfermo? ¡A ver, á veri ¿Cómo ha si¬ 
do eso? ¡Quince dias enfermo! ¿Con qué derecho? 
¿Con permiso de quién? Los pobres no están enfer¬ 
mos nunca. [Lo que es V. es uneandulón, un vicioso* 
un haragán! 

Al traspasar el umbral déla oficina, quedan rotos 
los vínculos que unen al jefe con el subalterno, y se 
mantienen firmes los vincutos que unen al subalterno 
con ^1 jefe. 

[Cuidadito con que al tropezarse V* en la calle 
cün el jefe no deje V, la acera libre y se quite el 
sombrero y aun haga intención de quererse quitar la 
cabeza] 

¿Que él no corresponde al saludo? ¡Bueno; pero 
hágase V. cargo! ¡No le ha conocido á VJ ¡Conoce 
á tanta gente! ¡No creyó que era saluaol ¡Se figuró 
que iba V* á pedirle algal 

A veces, el ¡efe se fija en V. por distraerse» por 
ver la facha de V* 

¿Lleva V. un roto, un descosido, ropa no respeta¬ 
da por la intemperie y los años? ¡Qué adán! ¡Qué 
desgalichado! [Son pobres y sucios! 

¿IJeva V. saco nuevo, porque alguna vez lo ha 
de ser? ¡Eche V* lujol ¡Asi no ahorran un cuarto, 
y son pobres toda la vidal ¡Y sabe Dios de dónde 
saldrá tanto lujo, porque con el sueldo solo, no tiene 
ni para agual 

En ftn, que cuando es V. niño le dicen para ame¬ 
drentarle: <í|Qué viene el coco!» Y cuanío llega V. 
á hombre le asustan á V. los compañeros, diciendo á 
media voz: ^¡Que viene el jefe!)^ 

Eso si; asi como en el orden gradual de la familia 
el hombre que hoy es yerno y murmura de su suegro 
es mañana .suegro y se vé murmurado, asi en la je¬ 
rarquía social el subalterno llega á jefe y se toma 
con sus inferiores la revancha de lo que el ¡efe le hizo 
(i é\ sufrir. 

Por eso los anarquistas, que persiguen una igual¬ 
dad social encantadora, no verán jamas realizados sus 
ideales. 

Todos vivimos con jefe, algunos los tenemos por 
docenas, como se tienen las viruelas. 

El jefe es nuestra pesadilla, nuestro desvelo, nues¬ 
tro martirio* 

Y si los suicidas tuvieran algo mas de apego á la 
verdad que al romanticismo, alguna carta de las que 
se encuentran ¡unto al clásico revólver^ diria asf: 

«iSeñor Juez: No se culpe á nadie de mi muerte* 
Me mato para descansar, para no tener ¡efe.^ 

¡Ah! Lecioces míos: ¡Bienaventurados los vagos, 
porque ellos no tienen jefe! 

M* M, 


© Biblioteca Nacional de España 




grupo de sus contrarios- Breves momentos de lu¬ 
cha decidieron el triunfo por Cateinin omq llegó hol- 
eada á la raya. —Tiempo: i,e6 2 ¡U'—Cormeiikf entro 
segundo, 

OíMjcíi forzó el tren en el Premio Agosto, distan¬ 
ciándose enormemente en la primera media vuelta de 
Coaüdaj que era la favorita, de Rúmingion, y 

SWürííf. Pero al llegar á lo de Cu ni i ¡i, Farsita inició 
una atropellada formidable con éxito completo; Re- 
mingionj que era mi candidaTo, empezó á correr des¬ 
pués del codo, ocupando el segundo puesto,— 
Tiempo, en la vuelta, i.jq 

El Premo Excehior no fue tan chac^mento como se 
creia. Ganó Tmn, con un ti mpo de 1,4 en los 1000 
metros, pero al final de la carrera Rdfag^j le alcanzój y 
sí no h quebró fue por faltarle tiempo en tiro tan corto. 

La, dos carreras mas interesantes, fueron, sin duda 
alguna, las últimas. El Premio Sarandi fue disputado 
por doce caballos, entre los cuales, tres, yá celebres 
en Europa, Aprovechando un buen momento, el jí^rr- 
ter Rodríguez Larretsi bajó la bandera, y el pelotón 
se pu so en 1 n ovi mi e nto en pós de Cd rdo/t, Oricn fa! y 
Giierrilicro, que tomaron la punta, Orsentirl hizo el tren 
en tos príjneros mil metros, siendo alcanzado a esa 
altura por Exmoor y Delfín que ocuparon respectiva¬ 
mente el primero y el segundo puesto en la carrera 
Al pasar por primera vez frente al palco, los hadas 
forzaron el tren, pero á la altura de los izoo metros, 
GutrfUkfo desarrolló su acción vigorosa y rápida, ba¬ 
tiendo á todos sus contrarios, tras breves momentos 
de lucha- Alcanzó el triunfo por tres ó cuatro cuerpos 
de ventaja, llegando segundo Defn^ un vtiuider que 
desbarató en parte un pronóstico del número ante¬ 
rior, pues Bímenyup! solo consiguió entrar tercero y 
Cdrde/i, cuarto. Tiempo en los jooo metros 3.164'^. 

La última carrí^ra. se redujo a un nu^tth entre Solí- 
tarh y Ámitnrero^ después de li vuelta primera. En 
el camino quedó el tendal de los demás competidores: 
DoroUa se Elevó una valia por delante, y uayó arras¬ 
trando á su jockey; Phoi¡iitl se resi si jó á saltar, quedan¬ 
do eliminado de la carrera y Víingihmíiíi so aplastó 
después de tos 2uoo metros-— VA SiuJ Charrúa obtuvo 
su segundo triunfo del dia con este premio. 

Hasta el je del corriente no hay otra fsesía hípica. 
Estamos por cünsíguíentej á dieta de emociones 5/70r- 
fíVní,—Veremos como se llena el programa de las 
carreras próxianas, para abrir [Uicío en el próximo 
número sobre las inscripciones que se hagan. 


A nadie mas que iV las sl^uienies persí 
dedico el característico de la corupailia 
ací\i6 en el Teairo 2 >op'Ulm\ su fiuicioa de 
cia: 

Saturnino Ueye-S, Juan J. Illa, Pat 
lile D >: ‘ses, A1 ej a í i d ro O j - ti z , E e r mi n O J i v 
Lorenza Mussio, .señor Averno (cdmLsaríü) .1 
Aobriot, L'oriunatíí Bonifacio, Jusm J, 
Cesar Baviui, José Beiiino, Ernesto Tu^ 
Btuiigua ^ledina. Pech o hurrut, Eossi Hi 
M i gaiel R ey es, J osé A c 11 a 3 d H nos., sen o r 
cag'Oü, Pedro Moidlla, Cariesi y A.j-geli, Ríe 
y Juan Benusa, Lñca,s y Leandro Pen 
francisco Peíufío. Octavio Olivera, En 
Testuz, Bej'nardo Agriierre, Pabla líoure, 
milico Santos, Francisca Siocca, Juan Cali 


ij De nuevo tenemos opera^ y de 

la buena. Nuestro gran tenor Oxilia, 
If conquista en el Politeama tantos 

iauros como conquisto en Solis la pasada tem^rada. 
Ha dado Lacla con la Svicher; Favorita con la Conde; 
Lücíezia con la Gini, y noche á noche ha notificado la 
opinión que desde un principio se formaron los inte¬ 
ligentes á su respecto. 
Digno rival de Massinv y 

t de StagnOj los supera en 
la dicción dramática, en 
la fuerza de la expresión, 
en la manera de interpre¬ 
tar, Su retrato debe figu¬ 
rar en esta sección de 

nos proponemos que solo 
figuren los artistas de 

Knschmann ha debuta¬ 
do con Rigoktto, El éxito 
del simpático' artista ha 
sido estruendoso y me¬ 
recido. Aunque con me¬ 
nos voz que hace dos 
años, sorprende siempre 
por su arte consumado 
y por sus creaciones ad¬ 
mirables en ciertos y de¬ 
terminados papeles. 

JOSÉ OXILíM En el próximo número 

publicaremos su retrato. 

San F'elipe, ha reabierto 
sus puertasj y con éxito. La 
pequeña^ pero hermosísima 
sala, se vé repleta todas las 
noches. Decididamente hay 
público para todo. 

El que acude á San Fe¬ 
lipe aplaude ¡usticieramente 
á la señora Plá, una buena 
actriz que no tiene mas de¬ 
fecto que el de haberse de¬ 
dicado á la zarzuela, PLi 
SMarinn^ en Tempestad, en 
Las Dos Princesas^ y en Cam- 
panoae, la simpática tiple ha 
llamado la atención. 

En el Teatro Popular, se Á 
ha estrenado otra compa- 
ñia de zarzuela, que reem¬ 
plaza á la dramática de los 
hermanos Faleni, 

En cambio en Solis no se 
estrena nada absolutamente, 
y según todos los síntomas, 
en todo el mes de Agosto no 
habrá espetáculo en el pri¬ 
mero de nuestros testros 

Caubxn 


Cien mil francos de nti golpe (me parece 
que no es gt-atio de anís) 
fiegon dicen, ofrece 
la Academia do C!encia.s de París, 
al guapo que presente una Memoria 
donde conste un remedio contra el morho. 
y el dichoso mortal obteudr-á gloria 
y una íoí 11 na t n \gtirá de un sorbo, 

Voy á en visir 1111 plan á ver si cuaja 
(que bien pediera ser) 
y como ese dinero entre en la caja,... 

;uo ,sün refónuns Jas que vov A hacer! 


Ahí ván unos cuantos colmos^ para que haya 
de todo: 

El de la fundición: Hacer una caldera de 
metal... de voz. 

El fíe la li A bilí dad od on iá 1 gi ca: Bxtraer una 
mueJH de la boc:^... del e.sKhnago. 

El de líi agricultura: Trillar en la em,.. cris- 
iíatia. 

El de la cij'üjía: Hacer la autopsia al cuer¬ 
po... dC' delito. 

El de la pedagogía: Dar lecciones á las ni¬ 
ñas. .. de hm ojos. 

El de la devoción: Rezar con el Rosario.. * de 
Santa Fe. 

El de los negocios teatrales: Contratar por 
una temporada á la Compañía,,. Nacional de 
Crédito y Obras Piiblicas. 


—¡Oóíuo está el gremio de dentistas! ¿Querrá 
usted creer que me han lleva tío cinco pesos por 
oxtraenne una muela y no tardaron mas que 
cineo mí u utos íui la í■ 1:1 eiíicif)n? 

—[Qué barbaridad! A mi no me costó mas que 
quince reales yeso que me tuvieron quearraa^ 
tnw por toda la casa, 

* 

En Ja imposibilidad"de servir colecciones 
completas ríe los números publicíidos, por ha¬ 
berse agotado la ediciím de los pidineros, roga¬ 
mos á los hiunerosos señores que nos las tiencD 
pedidris. SH sirvíin esperar la reimpj^esioii de dl- 
chtts nlimeros, que .-eró hecha muy en breve, 

[No ha de ser tan breve la conversión del pa- 
peJ monefla! 


^ Siguen las 

¿éf É' N A las numerosas 

^ vamos olVecien- 

,'LS \ (loó nuestros suscrL 
tores, siempre en el 
■ rky j deseo de liajdatdus de 

V gusto, tenemos qud 

agregar boy -,do‘^ mas, 

* Caí val 3 o y R a f a 1 

Fragú eiro, colaboraré n en la novela Par segiér 
á Uíi(jal(¡o. además de los señores que yaiioin- 
bramos, al dar cuenta, en el numero anterior, 
de nuestro proyecto de no vela- 
Los nombres do los nuevos colaboradores son 
harto conixddos entro la gent'¿ de letras, para 
q u 0 11 ece.^ i t o n t ( s .s ííIh u i. t ios d e el ogi o . 

Do niufetra puede servirles el Cuplíulo pri¬ 
mero, encumendado a lo pluma dei smmr Uar- 
doso, que por combinación de últiiim hora sus¬ 
tituye al señor -\ nal, encargado, como dijimos, 
de lacón feceiOlí del primer capítulo. 




C. K,—Porongojí—Rpi fhi Impoí tíi de las cuatia) sus- 
ci'iciímes, se lo pag'ue! 

F, Ct-—M ftlo—11/5 lo comería k V. á hesoíí por suactí- 
vidarl y entufiasmo. La (.liytanda le libra A V. de este 
aten (fino contra au pudor. 

L S.^Tacuarembó—íQufe sí puede mandar el impor¬ 
te on l imhrea? Si. bo rubro, ?/, aunqim sea en g^arbíinzos, 
con tal que sean de boen q^rcer. 

Clemente,.. X.—PayÉ^amhi—Entre éu nombre y m 
coüdíniüu íiay tul abismo. Créame V. que sus versos 
asesinan k cualquiera. 

E. J.—Saltn—Cumplida su órden, 

P, Jüse—Idem ídem. 

>¡. U.^CaDelones—Idem Ídem. 

P, T.— Líty I'ítnirae—Ideni ideiu. 

K. L —Ulvera—Ea mu dio aviso el que pide y poco 
dinero el que o trece. Cebo espacios por cuatro publiea- 
ciouest son tiien pesos. ]Ní uu roa! menos! 

-S>77i^5£:a chico —Monte^í!j;pO“;Y l.an cliicoíNo le v4 
ni con niícroscopici, ¡qué prosa: 

C«.iY^ííT—^loutevideq—;qmiére usted un buen consejo? 
No escruja ni a la faií]ítia.8íj falta de gramiltica es mayor 
que !íi de sentido camun. ¡Y cuidado que esta es grandeI 

P. Montevldeo—EI asunto es más vieío que don 
Feim li n do To rres. A d ein ñs, es tá m a I e se rí lo, fMí re us te d 


Yo sé de umi muchacha 

jó ven y den y do ari-ogaute facha 

ciue se m 11 eiv:i auior píir un mu 11 eco 

fea, pobre y en teco. 

Sea ciega ul auioi, si es puro y sanio., 
pero ¡pórDio.s! no tanto. 


JO&£FA PIA 


En la plaza (Yinstituciou, un camiaje derri¬ 
bó el Ivinos un faroL partiéndole además por 
mi tad d e 1 a c ol Li m n a. 

Si á. esto se agrega que de Buenos 

Aires (a) Jurii^z Celman, se tronchó también, y 
que ha cesado en su publicación La Lmlfo-^ia^ 
semanario que aparecía en esta, resulta que 
este mes jm sido funestísimo pam los aparatos 
de alumbrado. 


Buenas, buenas^ buenas, han si' 
do las carreras ultimas. — Hacia 
úempo que no tenia el gusto de 
presenciar una úesta hípica seme¬ 
jante. Todo contribuyó á darle 
realce: un dia espléndido, una con¬ 
currencia numerosa y selecta, y 
un programa escepcionaimente in¬ 
teresante. 

En la primera carrera (1200 
metros) Pavarie hizo punta, pero en 
el codo se reunió a ella todo el 


Sin que haya 3moa fundada 
ni se sepa por que ha sido, 
uua mujer muy honrada 
abandonó á su marido, 
iQué bobada! 


ESPECTACULOS PAEA HOY 

NUEVO POLiTEAMA-^Corapañia de Opera Italiana—íia 
pera eo A actOK TRAV1.%X^* 

TEATRO 3AN FfcUP£—Compañía de iíamiela Espafic- 
L—La zarzuela en 3 actos: UlASCOTiV- 


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25 de Mayo esquina CÉmaras 


SARAN DI S47 


Para hacer un buen regato 
Yéte á Sienra sin dudar, 
porque Sieju'a, en su Bazar, 
nunca tuvo nada malo. 


Hace calzado á medida, 
á unos precios muy baratos, 
y es la casa prefenda, 
por ser la mejor ¡surtida 
en botines y zapatos. 


Su martillo lia demostrado 
que^ de todos los que hay, 
es el mas afortunado, 

f mea con él ha rematado 
a mitad del Uruguay, 


Sí te dice un bebedor 
que en la casa de Orejuela 
no espíate el vino mejor, 
le puedes decir, lector, 
queso lo cuente ásn abuela 


Fotogra,^ Inglesa 


Pcruquflrla 
18 DE JDLIO NÚM, 5 
Nadie á pelar le aventaja, 
y afeitando es tan artista, 
que al tilo dé su navaja 
no hay pelo que se resistan 


Rincón Í78 

Fotografía especial, 
en que ae cópía d. la gente, 
tan perfecííslmamente, 
que parece natural. 


Uruguay J?B í ^ 

Es un médico especiál, 1 
de quien diría cualquiera | 
que ha encontrado fa manera 
de hacer al hombre inmortal. 


r ZBbAla J54 

Llevó el martillo á Maeso, 
en campaña provechosa 
y no les digo otra oosa, 
porque es oastante con eao. 


Empresa de Encemlendae 

CEUUITO 207 

La Empresa que te presento 
te ruego, lector, que atiendas, 
porque hace las encomiendas 
con la rapidez del viento. 


25 de Mayo 37B 

Pasteles y confitura 
y dulces de los mejores; 
en esta casa, seíiores, 
es todo vida y dulzura. 


^ Cenvenclen 2B7 

Gon poco que quiera usté, 
desalojar el bolsillo, 
se dá fácilmente el brillo 
de no caminar k pié. 


25 da Maye 23tl 

Reflejan con tanto brío, 
y lanzan tan buena luz, 
que trastornan el ¿ííníío, 
como dijo un andaluz. 


Treinta y Tres 2¡B 

El que rlje Lu In<í^ístriol 
es, como saben, señores, 
el Capitán General, 
de nuestros rematadores. 


Rincón 2B6 

Las hago tan españolas, 
y con tan buenas maderas, 
qne acompañan ellas solas 
para cantai' peteneras. 


tbicuy 257 

Remata indistín turnen te, 
todo lo que el gremio abraza, 
pero muy especialmente, 
los animales de raza. 


Sacacay j 

Se pueden lograr tres fljie^ 
en esta casa, lector: 
beber bien, fumar mqjor, 
y lüstrai'se los botines. 


pantlslas Narte-imerl canes 

CÁilARAS 1 S 3 

Gradas á lo» especiales 
estudios de Priuce é Hill, 
pueden comer mas de m 1, 
con sus diente» naturales. 


Asunción ( Aguada) 

Me comprometo á probar 
que mejor que esta cerveza 
no la ha tomado Su Alteza, 
el Príncipe de iíiímjtr. 


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